Lunes 22 DE Octubre DE 2018
Domingo

Naciones Desunidas

Fecha de publicación: 30-09-18
Por: César A. García E.
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Propongo construir una analogía, entre una sociedad mercantil y la ONU. Bajo esta perspectiva será posible comprender los devenires de nuestra insignificante y amada Guatemala y como su destino ha estado subordinado -infaltablemente- a agendas de naciones verdaderamente poderosas que a su vez luchan incansablemente, desde ideologías e instituciones burócratas transnacionales, por imponer agendas y manejar poder.

Empiezo analizando someramente el discurso del presidente Trump, quien -siguiendo la analogía- funge como el representante del “principal accionista”. Es obvio que no tiene un cargo en la ONU, sino representa “a un Estado” más, integrante de ese organismo. Al menos, desde la perspectiva formal, es así… pero no el ámbito del poder real, en donde él -indiscutiblemente- representa a la nación más poderosa del mundo y -continuando- con el ejemplo, la que más aporta a esta “sociedad” y por lo tanto quien manda e influye más.

En efecto, del voluminoso presupuesto de la ONU que dicho sea de paso, fue reducido, por “sugerencia” de Trump, hace un año en alrededor de  US$300 millones, es financiado, casi en un 30 por ciento por los Estados Unidos de América; junto a esta gran nación, una decena de aportantes más -a lo sumo- soportan el oneroso funcionamiento de este organismo… para nuestro ejemplo, de esta “sociedad”.

El referido “recorte” no fue bien recibido por la administración de la “sociedad” y sus funcionarios, aparentemente “poderosos”, no cesan de repetir que “se necesita mayor presupuesto”. Por su parte, Trump ha dejado claro que es su intención no absorber más del 20 por ciento del presupuesto de la “sociedad”, retirándose -al menos temporalmente-  de participar Consejo de Derechos Humanos y expresando “no entregará su soberanía a nadie”. Su discurso, si no antagónico con el del Secretario General, Guterres, va claramente por otro lado: Expresó cosas tales como que: 1. EE. UU. es primero, 2. Apoyará solamente a sus amigos, 3- Representa a la nación que es la principal productora de energía… instando al mundo árabe a mesurar su manejo de precios de petróleo. 3- Declara prácticamente la guerra a Irán y sus amigos. 4- Toma distancia de la Europa Occidental, 5- Critica la globalización, de la cual se reconoce enemigo. El discurso de Trump, fue -desde mi perspectiva- coherente con sus acciones y los estadounidenses, deben sentirse bien representados, máxime ahora que la marcha de esa enorme economía es pujante.

Obviamente el “principal accionista de la sociedad”, tiene detractores, dentro de su mismo grupo. La fractura y guerra interna, desde el campo democrático y mediático, entre republicanos y demócratas… hace mucho no era tan cruda. Mientras Trump es enfático en sus puntos, respaldado -sin duda- por el voto republicano y su propio partido, los demócratas, apoyan la agenda que otrora planteara Obama, misma que claramente era -seguida- por la propia “sociedad” y su secretario general. Pero ¿Hasta qué punto, la “sociedad” podrá revelarse al nuevo representante de los accionistas mayoritarios? Bueno, la lucha será férrea y cualquier victoria -por pírrica que sea- será celebrada, por el bando ganador.

En esta cresta de “confrontación” republicana-demócrata y del obvio dominio del fuerte liderazgo Trump, se subió nuestro impresentable, por torpe e indefendible presidente; la “victoria” de Morales, fue en realidad, el triunfo del lineamiento de Trump… y así hay que entenderlo. También la “flexibilización” de la postura, del no menos contumaz Guterres, correspondió a que -el jefe y principal accionista de la sociedad- le ha cambiado las señas. En este sentido, el discurso “conciliador”, ambivalente y político del secretario general, lució descolorido y parecido al de un jefe administrativo de una empresa bananera, versus la alocución categórica de Trump, quien -es menester reconocer- no le habló a sillas vacías, como Morales, Maduro y otros mequetrefes, sino a un auditórium pleno que -lo quiera o lo odie- quería escucharlo y sabe que sus palabras definen acciones, despiertan temores y cambian cosas.

La historia de las Naciones Unidas y EE. UU., son inseparables. El primero en hablar en términos de “unidad”, fue Franklin Roosevelt, en medio de la Segunda Guerra Mundial y justamente a partir de la finalización del conflicto -en 1945- la organización se forma y toma auge, integrándose por unos cincuenta estados y siendo hoy, sus “miembros”, casi doscientos (193) … pero la mayoría -como Guatemala- “ni hiede ni apesta”, en esas lides.

Indudablemente, la organización tuvo objetivos plausibles, pero la historia ha registrado, como “ha apachado el ojo”, ante dictaduras de falsas “derechas” e “izquierdas” y como su lucha a favor de los derechos humanos, se enfatiza en la contención demográfica mundial e ideología de género; en los últimos años ha sido muy cuestionada y su carga administrativa es pesada, burocrática y financiada por unos cuantos que, indefectiblemente mandarán o dejarán, eventualmente  el foro.

Pareciera un absurdo -para muchos- hablar o pensar que las Naciones Unidas, pasan por una crisis… pero así es. En un clima de preguerra y lucha obvia por la hegemonía mundial que contrapone a los EE. UU. con China, Rusia y eventualmente con sus “aliados de siempre”, la ONU -como ente-  cada vez tendrá menos que decir. Ni es cierto que “todas las naciones pesan o representan lo mismo” en el foro mundial, como lo promulgan los fans de Morales, ni es cierto que ese organismo tenga vida propia. Es -para nuestro ejemplo y muy cerca a la realidad- una “sociedad” de intereses y tensa calma, donde “quien tiene más saliva… traga mas pinole” y punto.

En Guatemala no hay nada claro, solamente podemos apostar que las huestes -reales- de la corrupción que han salido “bien libradas” en toda la vorágine en la que nos encontramos desde 2015, se aprestan para seguir manejando los hilos del poder… como en los últimos doscientos años; están listos para erigir nuevos títeres, para vestirse de dignos y para ofrecer imposibles. La verdadera patria, la del chapín honrado y laborioso -mientras tanto- se hunde en las arenas movedizas de la miseria el letargo económico, la ignorancia, la desinformación y el caos… el chapín pensante -trágicamente- sigue dando ¡vivas! a los dos bandos de los repugnantes y manipuladores “vivos”. ¡Piénselo!

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