Lunes 22 DE Octubre DE 2018
Domingo

Los restauradores de la Acrópolis Norte, del templo sagrado de Tikal

La estructura representa un milenio de construcciones ininterrumpidas en una de las ciudades más importantes de la civilización Maya.

Fecha de publicación: 07-10-18
Por: Ferdy Montepeque elPeriódico
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Una docena de hombres trabaja en uno de los extremos de la Acrópolis Norte del Parque Nacional Tikal, en Petén, erigida a un costado del templo del Gran Jaguar. Están metidos entre andamios metálicos colocados alrededor de una de las estructuras para evitar que estas se dañen, y sobre los andamios hay una lona verde que utilizan para cubrirse de la constante llovizna. El grupo de restauradores se ocupan en reemplazar una de las esquinas deterioradas de la pirámide; pero el trabajo que realizan en el edificio –utilizado para el entierro de gobernantes Mayas– es casi imperceptible para los visitantes de Tikal.

La misión de los restauradores, dirigidos por arqueólogos guatemaltecos, es conservar y reparar cuatro de los 16 edificios visibles en la Acrópolis, cuyas pirámides de piedra caliza presentan deterioro en la superficie a causa de la lluvia, el sol y el viento según las evaluaciones hechas por la Administración del Parque Nacional Tikal, las cuales concluyen que las piezas de caliza “están transformándose aceleradamente en polvo”.

Por su experiencia, en el equipo de trabajadores sobresale Ottoniel Quixchán. Tiene 61 años, 18 de los cuales ha dedicado a restaurar pirámides Mayas. Mientras habla sobre el proyecto que se desarrolla en la Acrópolis Norte, explica que una de las partes más difíciles en el proceso de reparación es establecer cuál era la forma original de una estructura; después se elabora un diseño, que se obtiene al investigar evidencias en los sitios.

Pero además del diseño, hay otro procedimiento del cual se desconocen detalles y que hasta la fecha se realiza de la misma forma como en la época prehispánica: la búsqueda y extracción de las piedras calizas que se tallan a mano para obtener bloques con volúmenes y medidas específicas para cada una de las partes a restaurar. Ottoniel dice que las calizas se extraen, durante la época seca del año, de las canteras en el bosque del Parque Tikal. Los bloques se cortan con hachas y los transportan en vehículos desde las canteras hasta las pirámides; los bloques llegan a medir hasta un metro cuadrado y pueden pesar entre seiscientas o setecientas libras.

Ottoniel ha participado en la restauración de pirámides en otros sitios arqueológicos como Uaxactún y Yaxhá, también de Petén, en donde de igual forma ha comprobado que la piedra caliza presenta deterioro “en exceso”. Asegura que la erosión del material con el que están construidas las pirámides se ha incrementado en los últimos años, lo cual se atribuye principalmente a las lluvias características en la selva de Petén y a los niveles de calor en la región.

La necrópolis se deteriora

Enrique Monterroso, quien lidera uno de los tres grupos de restauradores que trabajan en Tikal, indica que la Acrópolis Norte es una de las estructuras más deterioradas del Parque; pero que con las labores actuales se mejorará la situación en la que se encuentran los edificios, para lo cual se tratarán de conservar la mayor cantidad de sus piezas originales. Los trabajos se prevén finalizar en marzo de 2019.

Monterroso se aparta un poco de su equipo de trabajo para hablar sobre su experiencia. Dice que obtuvo el título de arqueólogo en la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), pero todo lo que sabe sobre restaurar pirámides, lo aprendió fuera de las aulas. Dice que en Tikal, así como en otros sitios arqueológicos de Petén aún hay mucho por restaurar y descubrir.

 

 

“La idea de la restauración es no quitar el valor histórico al monumento, porque mientras más lo intervengamos sustituyéndole cosas nuevas, va perdiendo su valor histórico y cultural. Lo que hacemos es que se limpian bien los hongos y microorganismos que tiene, se humedece bastante y se le aplica una capa de mezcla especial que preparamos con cal, tierra y polvillo de roca dura y eso lo protege”, dice Monterroso.

Según las investigaciones hechas entre 1956 y 1969 por la Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos, las construcciones en la Acrópolis Norte de Tikal se produjeron a partir del período Preclásico Tardío (300 AC), hasta el Clásico Tardío (900 DC). Aunque actualmente se observan 16 estructuras en toda la plataforma que integra la Acrópolis, debajo de esta se han identificado cien edificios enterrados.

Erick Ponciano, Asesor de la Unidad Técnica del Parque Nacional Tikal, explica que la Acrópolis fue uno de los edificios más importantes para la nobleza de Tikal, porque este tenía funciones político-administrativas y religiosas; pero también se utilizó como espacio para el entierro de varios de sus gobernantes. Agrega que, en la Acrópolis están expuestos dos mascarones; uno de estos representa a Chaac, el dios de la lluvia y la fertilidad; y uno más que muestra a un ser mitológico conocido como Montaña de la Serpiente.

Ponciano explica que la Acrópolis Norte tuvo seis etapas constructivas y diversas remodelaciones. Las investigaciones hechas en el sitio también concluyen que la primera construcción de la estructura se realizó a inicios del período Preclásico Tardío. Y que consistió en una plataforma de dimensiones pequeñas sobre la cual se edificó una estructura con materiales no perecederos; pero con el pasar del tiempo, la plataforma se fue ampliando y más edificaciones se fueron construyendo encima de las primeras.

 

 

En el Parque Tikal trabajan tres grupos de restauradores, cada uno dirigido por un arqueólogo. Dos de los equipos están enfocados en la restauración de las estructuras 5D-22, 5D-33 y 5D-35 para lo cual son apoyados por la Universidad de Kanazawa, Japón, y el proyecto es financiado con fondos que el Gobierno japonés, dados a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). En tanto que, el tercer grupo es del Ministerio de Cultura y Deportes (MCD) de Guatemala y trabaja en la estructura 5D-23.

El profesor Seiichi Nakamura, de la Universidad de Kanazawa, explica que uno de los proyectos que se espera ejecutar en Tikal con los fondos de Japón en la Unesco, es un escaneo en tercera dimensión de la Acrópolis Norte, con lo cual se conocerá la situación en la que se encuentran las cien estructuras documentadas debajo de la plataforma visible. Para esta evaluación se prevé utilizar la tecnología “Lidar”, un sistema láser que permitirá obtener un mapa en alta definición sobre la Acrópolis. El fondo de Japón en la Unesco, para el proyecto en la Acrópolis, es de US$300 mil (Q2.3 millones).

Japón en Petén

Además de la restauración y conservación, el Gobierno japonés desarrolla programas de capacitación a comunitarios en Petén, para el apoyo del corredor turístico del área. Seiji Tomiyasu, representante residente de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) en Guatemala, explica que se financia la capacitación de líderes comunitarios para desarrollar actividades económicas y de conservación en Petén.

Tomiyasu destaca, además, que en 2012 se inauguró el Centro de Conservación e Investigación de Tikal (CCIT), cuya edificación fue financiada con US$5 millones donados a Guatemala por la agencia JICA. Agregó que actualmente el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda (CIV) desarrolla el proyecto de construcción de carreteras desde Chicamán hasta Playa Grande en Quiché, el cual será costeado con un préstamo de US$100 millones también otorgado por la cooperación japonesa.

Armar el rompecabezas

Los arqueólogos guatemaltecos contratados por la Unesco, José Crasborn y Otto Román, sostienen que entre los primeros trabajos que se han realizado como parte de la conservación de las pirámides mayas en Tikal, se encuentra la investigación de las estructuras para descubrir la forma de las habitaciones, las imágenes y escalinatas de las que estaban comprendidas cada una de las edificaciones. Por lo general, en estos casos algunos muros son desmontados pieza por pieza, para reforzar cada una con el fin de que no exista alteración de los materiales utilizados durante la época prehispánica.

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