Lunes 22 DE Octubre DE 2018
Domingo

Respeto sexual: perder el miedo

Fecha de publicación: 07-10-18
fotoarte Jorge de León > El periódico Por: Jaime Barrios Carrillo
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“El principal acusado es el presidente, pero también altos funcionarios del Gobierno que inducen o presionan a las jóvenes para que asistan a Casa Presidencial o a otros lugares privados donde el presidente está”.
Edgar Gutiérrez (excanciller y analista político)

 

El promotor cultural francés Jean-Claude Arnault ha sido condenado ahora a dos años de prisión en Estocolmo por violación en un proceso con gran difusión y acompañamiento en los medios del mundo. Seguramente por haber sido el escándalo inicial que dio origen a la mayor crisis de la Academia Sueca en su historia, lo que condujo a que el premio Nobel de Literatura no fuera concedido este año y a que la Academia misma se encuentre en un proceso de reordenamiento.

El affaire Arnault en Suecia se dio también dentro de la ola internacional que levantó el movimiento Me too. Inicialmente fue un grupo de mujeres que se sintieron fortalecidas en el apoyo mutuo para salir a la luz pública y denunciar que habían sufrido acoso por parte de Arnault. El asunto cobró mucha relevancia al estar casado Arnault con Katarina Frostensson poeta, escritora y miembro de número de la Academia Sueca.

Lo fundamental en este caso es consolidar un precepto de convivencia humano, de un respeto sexual que no se supedite a estructuras asimétricas de poder. En este sentido el movimiento Me too ha sido un suceso emblemático que se ha extendido internacionalmente. Lo principal es la pérdida del miedo a los poderes, a los jefes, a los individuos que manejan el poder político o económico. La iniciadora fue la actriz norteamericana Alyssa Milano, quien ha sido también embajadora de Unicef y es una vegetariana militante en la defensa de los animales. Milano se solidarizó con algunas otras actrices, entre estas Gwyneth Paltrow, Angelina Jolie, Rosanna Arquette y Rose McGowan, quienes denunciaron al gran empresario del cine Harvey Weinstein por acoso sexual. Este fue el principio de la gran ola Me too, literalmente “a mí también”, en las redes y medios sociales desde 15 de octubre de 2017. Y se regó por Europa y a lo largo de Estados Unidos. También en algunos países latinos como Argentina, en Canadá y en Japón. Tarana Burke del movimiento Me too publicó hace poco: “!Basta ya …” en un texto referido al demérito y acoso sexual a la mujer. En definitiva se trata de un movimiento por la reivindicación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, con la intención de recobrar los derechos y privilegios perdidos ya fuera por haberlos concedido o haber sido tomados por el género opuesto.

La campaña busca visibilizar la situación de las mujeres en sus centros de trabajo y en sus entornos, bajo el acoso sexual de hombres que traspasan las líneas de lo permitido, incluso con extremos como violaciones y maltratos. La expansión viral de la campaña y su conversión en declaraciones gremiales de actrices, mujeres políticas, bailarinas, cantantes, abogadas, maestras y pedagogas, deportistas, periodistas y otras profesiones ha llevado al involucramiento de personalidades femeninas muy conocidas y también de miles de mujeres que se han adherido.

En países pobres, donde el atraso es multidimensional, este tipo de campañas pareciera no tener posibilidades. Es demasiado el peso del patriarcado, del machismo grosero y diario. Es más, en países como Guatemala donde a la par del acoso sexual sistemático y generalizado, se dan los maltratos físicos, la violencia contra la mujer que termina trágicamente y no pocas veces en los numerosos casos de femicidio. Sigue sonando el nombre de Cristina Siekavizza para personificar un caso entre cientos o miles, cuando la impunidad es galopante y el desprecio por la vida y a la ley igual. La violencia de género no tiene límites de clase social ni étnica ni cultural. Urge prevenir más desde el Estado y acentuar sus responsabilidades de perseguir los delitos contra la mujer.

Hace un par de meses en Guatemala el ex canciller y analista político Edgar Gutiérrez denunció por medio de su columna un hecho pasmoso: el presidente Jimmy Morales habría acosado a más de diez mujeres en circunstancias difusas. Edgar Gutiérrez aseguró haber hablado personalmente con algunas de las víctimas. El caso cobró más publicidad cuando se sacó a luz una supuesta denuncia contra Morales que había sido suspendida por una demandante hace unos años. También por el encuentro de Edgar Gutiérrez con la fiscal general Consuelo Porras para discutir el asunto. Según un medio digital que entrevistó al ex canciller habría una estructura de violaciones contra trabajadoras estatales para satisfacer al jefe del Gobierno. Se señaló incluso lugares donde habrían sido cometidos los delitos sexuales incluyendo a la Casa Presidencial. Sin embargo no se concretó al final ninguna denuncia y la cuestión ha quedado flotando en el ambiente según el mismo Gutiérrez por el miedo que sienten las afectadas y que les impide tomar acciones concretas de denuncia.

No sabemos qué pasará con la presunta implicación del presidente y algunos de sus funcionarios en un caso de acoso sexual e incluso violaciones, nada está probado y tampoco nada ha sido investigado. Lo preocupante es pensar que se pudiera tratar de miedo, un temor individualizado por el poder en una sociedad machista y violenta.

El Caso de Jean-Claude Arnault en Suecia vuelve a mostrar que si es posible llegar a la verdad y conseguir justicia. Es totalmente accesible la justicia y el respeto sexual si se vence el miedo. El movimiento Me too no ha llegado todavía a Guatemala un país donde el poder del hombre es usado contra la mujer. Y a más poder más uso y abuso. En cambio se desarrolla un movimiento conservador que en el fondo oculta las agresiones contra la mujer, es decir violaciones y maltratos. A la vez que en nombre de la vida y de un dudoso dios intervencionista se niega la posibilidad del aborto y la existencia de formas no heterosexuales en las relaciones personales. De nuevo una paráfrasis adecuada: “Pobrecita Guatemala tan lejos de Dios y tan cerca de Jimmy Morales!”

Hay que acrecentar la solidaridad y aumentar la conciencia. Cualquiera puede ser víctima, a ti también te puede pasar o te ha pasado. El respeto sexual es esencial para la vida civilizada y las relaciones armónicas y simétricas entre hombres y mujeres. Lo primordial resulta en todo caso perder el miedo.

 

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