Lunes 15 DE Octubre DE 2018
Opinión

Celebración del castigo

“La sociedad debería de supurar por la misma herida”.

— Méndez Vides
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Ya están completándose los procesos legales en contra de las autoridades patriotas corruptas, porque los jueces están dictando sentencia y condenando a quienes se aprovecharon del Estado; es decir, de todos los guatemaltecos. Lo inexplicable es el delirio de quienes celebran con júbilo y crueldad las condenas, haciendo chiste y burlándose de los acusados.

En un hogar se espera que los hijos se comporten correctamente, según se les enseñe con el ejemplo, pero si un hijo se comporta mal y hay que castigarlo, todos sufren. Tanto quien transgredió la regla como quien tiene que aplicar el castigo, porque la pena es compartida. No logro imaginar una familia celebrando el encierro del hijo descarriado en una celda al final de la casa, amarrado a un palo, alimentado a pan y agua, o simplemente impedido a salir libremente al corredor y la calle. Castigar duele, porque la familia reconoce algún error cometido en la educación del transgresor.

El ensañamiento más triste es el que inspira la expresidenta Baldetti, quien antes fue adulada y tratada con servilismo. La justicia comprobó su culpa y la condenó, es la ley, pero nos debería de dar vergüenza a todos, porque sus actos hablan mal de la sociedad y de los valores que la moldearon.

El juicio inicial la condenó a 15 años en prisión, y faltan los casos peores, luego prácticamente se quedará el resto de su vida entre rejas, y nosotros la mantendremos, le pagaremos guardias, alimentación y cuidados. Mientras ella sufre, la sociedad supurará por la misma herida.

Sabios eran los pueblos de la Edad Antigua, que daban a los culpables la posibilidad de elegir entre beber la cicuta o el exilio. Les quitaban lo robado y la vida, o los expulsaban a otras dimensiones, para librarse de su presencia y memoria, dejando así de ser una carga para la conciencia colectiva.

La discusión que enmarañará el futuro, será la comparación de 15 años por el robo del agüita mágica en Amatitlán, contra seis por la muerte de pacientes debido a la ambición de los corruptos en el IGSS. ¿Será comparable el castigo al director que se enriqueció, contra una enfermera que firmó un documento para sobrevivir? ¿Y por qué una secretaria del Congreso fue condenada a más de un cuarto de siglo en la cárcel por realizar un depósito ordenado por el jefe? ¿Estaremos verdaderamente sentando un precedente de justicia que nos eleve de condición?

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