Lunes 15 DE Octubre DE 2018
Opinión

Las cartas están echadas

Pero no todas están a la vista.

— Edgar Gutiérrez
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Como en un definitivo juego de póker, las cartas están echadas, pero algunas están ocultas. Quizá por eso las elites están ansiosas, los sabiondos especulan tanto y la sociedad, además de desorientada, está fatigada. Estamos demasiado pegados a la coyuntura y se nos desdibujó el horizonte. Esta coyuntura es una auténtica montaña rusa. Pareciera que en cualquier momento algo reventará, pero no ocurrirá, al menos, por ahora. (Ciertamente, algún loco suicida nunca falta en estos dramas, pero si salta se apagará solo.)

El retrato de la cúpula política es patético. Está compuesto por un gobernante que no gobierna, un líder del Congreso que no lo es –apenas un transa rascando su impunidad mediante la compra de jueces– y un empresario, auténtico pirata de frecuencias públicas, aferrado a la ilusión de que el país seguirá buscando cobijo en la sombra de los dinosaurios. Ante esa falta de liderazgo, el régimen prefiere la táctica de la cámara lenta para ir acostumbrando al público a su ilegalidad.

Por ejemplo, ahora mismo desobedece a la CC sin desafiarla abiertamente, sabiendo que la Corte está, de momento, fracturada e inmovilizada. Al desobedecer está faltando a otro compromiso internacional, la Carta Democrática, que en cualquier momento se le puede voltear en la cara, sumándose al club de los parias (Venezuela y Nicaragua). (Por cierto, esta es una curiosa profecía auto-cumplida sobre que nuestro futuro era convertirnos en Venezuela. En efecto, vamos en esa ruta, sin haber tomado el avión.)

Esto, con las claves que encierra, no es, sin embargo, lo más relevante. Lo es, en cambio, el enorme trasiego de posiciones de los actores, como en un campo de fútbol. Pero no es un sistema armonioso de rotación, en el que los delanteros pasan a ser defensas y viceversa. Es la esquizofrenia de las elites. Según se modifica, día a día y hora a hora, el marcador imaginario de la contienda CICIG vs. Pacto de Corruptos. Esta disputa se juega con “var” (video-arbitraje) incorporado. Los árbitros, aunque desafiados y medio apalabrados, siguen estando en Washington y en la CC.

Así son las dinámicas de las burocracias. Esquemáticamente hablando, hay un diez por ciento de “malos” y otro diez por ciento de “buenos”. Según la correlación de fuerzas, unos sacan la cabeza y los otros la esconden, mientras boicotean silenciosamente. El 80 por ciento restante se mueve en dirección de las aguas. Se ajustan a quien pone las reglas, sea por las malas o por las buenas. En los aparatos burocráticos, por su naturaleza dependiente y operacional, eso es hasta natural. En las elites, no, pero es exactamente lo que está ocurriendo. La falta de convicción hace manipulables las emociones de las mayorías y vuelve inseguras a las elites. Y bajo ese estado anímico es imposible pensar en diálogos o salidas razonadas.

En 2015 la sociedad entera abrió sus ventanas y salió a las calles a liberar sus iras y respirar libertad. En 2016, las elites, discretamente, comenzaron a cerrar ventanas, a poner candados a las puertas, dedicándose a celebrar misa entre curas. Desde entonces todos hemos estado demasiado tiempo encerrados sin intercambios sanos, ni sinceros entre quienes pensamos y vivimos diferente. Lo poco –por fondo– que ganamos desde los Acuerdos de Paz, está ahora tirándose por la borda, pues ya no hay competidores, ni adversarios, solo enemigos. Por todo eso, es aconsejable desapegarse de la coyuntura y buscar el horizonte, aunque el cielo luzca encapotado.

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