Lunes 22 DE Octubre DE 2018
Opinión

Edecanes y dignidad de la mujer

¡Qué ilusorio y soñador sigue siendo mi pensamiento!

— Silvia Tejeda
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Aunque la nota se publicó el 30 de septiembre pasado, en este periódico, me atrajo de sobremanera su titular: ‘Tribunal Supremo reglamenta para que los partidos políticos dignifiquen a las mujeres durante la campaña electoral’. El encabezado era prometedor porque me imaginé que, por fin, ese Tribunal se había decidido a combatir, con la firmeza que debe comportarse, las formas injustas y discriminativas con que los partidos políticos tratan a la mujer, en general, no se diga las modernas fórmulas que se establecen para que una mujer sea candidata para tal o cual puesto de elección popular. En la segunda década del siglo XXI, en Guatemala únicamente el 23 por ciento son mujeres de la integración del Congreso de la República. Y para los cargos de los más de 300 municipios el predominio de los alcaldes es del 90 por ciento aproximadamente.

¡Qué ilusorio y soñador sigue siendo mi pensamiento! En una ráfaga de visiones pensé que por fin publicaban su apoyo para la dignificación de la mujer aceptando y promoviendo, políticamente, la igualdad de género, la igualdad de oportunidades en la participación política. Creí que el artículo trataba de proponerle a los dirigentes que den oportunidades también a mujeres profesionales o líderes locales, trabajadoras y honestas para que participen y garanticen el servicio a sus comunidades.

Seguí leyendo y me di cuenta de que el Supremo Tribunal Supremo Electoral, valga la redundancia, lo que sí les preocupaba era que los partidos políticos, por respeto a la dignidad femenina, –no se aclara si la de las edecanes o de las que los presencian–, ya no contraten chicas edecanes para ir a amenizar los mítines de los candidatos. Esa era toda su preocupación y lo estipularon en el Artículo 67 del Reglamento de la Ley de TSE y de Partidos Políticos que en su inciso I “Prohíbe realizar actividades así como la presentación de imágenes y mensajes en las que se utilice la figura femenina o de cualquier persona, en detrimento de su dignidad”. Por supuesto, varios analistas políticos lo consideraron una medida oportuna. Yo no. Para mí eso huele a pura moralina del siglo pasado. Cuando en las décadas de los años sesenta y setenta el argumento era ese, precisamente: Que se utiliza la figura femenina en detrimento de su dignidad. Ahora, quienes se dedican a eso, lo hacen porque les gusta. Nadie las utiliza. Es un trabajo como cualquier otro, y lo que hagan las edecanes con su vida privada es su personal decisión. Además, en esa palabra que de uso exclusivo del mundo diplomático ya no lo es.

La dignidad de una mujer guatemalteca, no debiera considerarse por las medidas del traje de una joven bonita que se gana la vida de esa manera, enseñando lo más que pueda, las curvas de su cuerpo y si le pagan por bailar, lo hace, desempeñando un trabajo como cualquier otro. Seguro, que si un candidato tuviera con que pagar la presentación de Jennifer Lopez, de Shakira o de Thalía, sus presencias y sus movimientos en un mitin serían magnificados que hasta el TSE, en pleno, asistiría. Así somos de hipocritones. Quizás ese alto Tribunal no tiene la intensión de darse cuenta, del abuso que los organizadores de mítines cometen contra los acarreados espectadores. Han convertido esas actividades en verdaderos espectáculos circenses, en una parafernalia de adornos y presentaciones, dizque para motivar al público al que les siguen dando poco pan y mucho circo. Por lo menos, estableciendo un decálogo del comportamiento de gente tan confundida, que inundan el ámbito político de pachanga que, cuando habla el candidato, la gente lo confunde con el mejor cantante, porque de sus verdaderas realidades no sabe prometerles nada.

Reivindicar la dignidad de las guatemaltecas sería propiciar la igualdad de oportunidades en todos los campos en que ella participa. Especialmente su educación plena y la protección de su salud, para que ninguna institución con el poder de dignificarlas, las deje en el abandono.

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